No cabe ninguna duda que nos encontramos en un gran momento de reflexión y, como todos los momentos clave, puede servirnos para estancarnos o mejorar, así que tomamos la segunda opción y nos adentramos en el conocimiento de lo local. Estamos en un punto de inflexión donde lo local adquiere relevancia, no solo a nivel económico sino también emocional. En nuestra mente aún resuena el ‘Resistiré’ y la imagen de la tienda de la esquina cerrada por la cuarentena. Pero, ¿y si os contáramos que consumiendo productos locales de temporada además de ayudar al vecino podemos mejorar nuestra salud y la del medio ambiente?

El consumo de alimentos de temporada no es una invención actual, nuestros padres y abuelos ya lo practicaban por sus múltiples beneficios y ahora ha llegado nuestro turno. Por este motivo, nuestros estudiantes están aprendiendo de primera mano a cultivar y germinar sus propios frutos, verduras y hortalizas para ser conscientes de todo el proceso y poder valorar su importancia. Asimismo, están estudiando la situación actual de cada uno, comparando precios y elaborando un calendario por temporadas. Durante todo este estudio han descubierto que el consumo de alimentos de temporada beneficia a la salud porque conservan todos sus nutrientes intactos y como se cosechan en su época idónea no necesitan de aditivos para madurar. Además, consumirlos de este modo hace que su aporte nutricional sea pleno y que su textura y sabor sean adecuados y de calidad, puesto que son más frescos y eficaces energéticamente hablando.

En este sentido, tenemos en cuenta también que no todo beneficio es nutricional, el consumo de cultivos de temporada palia el deterioro ambiental y fomenta la agricultura local y la conservación de ecosistemas. Así mismo, medioambientalmente hablando, este tipo de consumo disminuye el transporte y, por tanto, la emisión de CO2 y la utilización de envases y bolsas.

Además, nuestro proyecto va un poco más allá, queremos que conozcan distintas variedades de un mismo producto y amplíen su vocabulario, por eso nuestro reto ha sido realizar una plantilla con información básica de cada uno de los productos que ellos escogieron previamente de manera voluntaria. Así han podido informarse sobre su nombre en la asignatura de biología o averiguar su procedencia familiar en latín, con el añadido de realizar toda la plantilla en su segundo idioma, alemán y francés. Esto les ha permitido investigar en varias lenguas, ampliar el vocabulario, practicar la escritura y mejorar su pronunciación, todo ello gracias exposiciones orales en clase, donde han demostrado su capacidad de oratoria en lenguas no maternas y han compartido la información de todos los productos con el resto de compañeros y compañeras. De esta manera han trabajado su competencia lingüística pero también social al reflexionar sobre el consumo de los distintos productos.

Con todos estos aspectos positivos y siguiendo la estela de nuestros alumnos que ya se han atrevido a cultivar y germinar sus propias semillas, te retamos a poner en marcha tu propio huerto casero. No podemos asegurarte que funcione a la primera, pero sí que pasarás un buen rato compartiendo, descubriendo y experimentando… ¿Te animas?

 

 

Marisa Martínez

Docente de Ciencias

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